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dissabte, 18 d’octubre del 2014

Una España sin espejos

Sería saludable que algunas cabezas pensantes reflexionasen sobre cómo y por qué se ha llegado en Cataluña al estado de opinión presente. Hay lecciones históricas provechosas para el escenario actual


Artur Mas es un zombi que ha perdido el juicio”. “Si no fuera porque en Euskadi nos mataban, yo diría que esto de Cataluña es peor”. “ETA es un aliado de Mas”. El proyecto independentista es “el sueño de una Gran Andorra”, paraíso de evasores fiscales y blanqueadores de dinero negro. Manifestarse pacíficamente por las calles el Once de Septiembre equivale a “conmemorar una guerra civil”. La demanda soberanista catalana “supone un ultraje” para las demás autonomías. Los grupos partidarios de la consulta constituyen una “anticosmopolita coalición de agropecuarios y antisistema”. El “desafío por parte de los independentistas” sólo pretende “tapar las vergüenzas de una de las autonomías más corruptas, Cataluña”.
Las frases que llenan el párrafo anterior son sólo un mínimo florilegio de descalificaciones lanzadas, a lo largo de las últimas semanas, contra la pretensión —rotundamente mayoritaria en las instituciones democráticas catalanas— de celebrar una votación consultiva acerca del futuro estatus político de Cataluña. Unas frases no recolectadas en ambientes extremistas y marginales, sino dichas o escritas por lo más granado de la clase política y de la intelectualidad españolas del año 2014.
De 2014, sí, cuando se investiga un caso de fraude y malversación masivos en la base aérea de Getafe; y existe una denuncia por la gestión económica del Hospital Militar Gómez Ulla; y cada día conocemos detalles más escandalosos alrededor del asunto de las tarjetas negras de Caja Madrid y de Bankia; y sabemos que el líder histórico del SOMA-UGT, Fernández Villa —el hombre del pañuelo rojo al cuello y el puño en alto, junto a Alfonso Guerra, en Rodiezmo— ocultó al fisco 1,4 millones de euros; y crecen el fraude de los ERE y el de los fondos de formación para parados en Andalucía; y siguen coleando los casos Gürtel, y Fabra, y Cotino, y Bárcenas, y Palma Arena, y Nóos, y…
No, no se preocupen, no voy a atrincherarme en el y tú, más. Y, desde luego, no creo que los escándalos citados quiten ni un ápice de gravedad al caso Palau, al caso Pujol o a las derivaciones que uno u otro puedan tener, y que deben ser investigadas hasta las últimas consecuencias. Pero el hecho de que, mientras los estallidos de la corrupción lo sacuden todo (realeza, Fuerzas Armadas, partidos, sindicatos, instituciones financieras, administraciones públicas…), haya quien presente la Cataluña autónoma como la cueva de los 40 ladrones me parece muy sintomático de un problema sobre el que sí quisiera reflexionar un poco: el aparente embotamiento, la parálisis de la capacidad autocrítica de intelectuales y políticos españoles ante el así llamado “desafío catalán”.
Hay que examinar con rigor la gestión de la pluralidad identitaria en las útimas tres décadas
Bien está que, frente a dicho reto, se busquen las contradicciones del bloque soberanista, y se hurgue en las evidentes debilidades del proceso preparatorio del 9-N, y se subrayen las consecuencias negativas de una eventual independencia, etcétera. Pero, ¿no sería también saludable que algunas cabezas pensantes, desde la defensa de la unidad de España, reflexionasen seriamente sobre cómo y por qué ha llegado Cataluña al estado de opinión presente?
Cuando digo “seriamente”, me refiero a dejar de lado imaginarios e imposibles lavados de cerebro, a no obsesionarse con la supuesta capacidad adoctrinadora de una Televisió de Catalunya cuya cuota de pantalla alcanza a lo sumo el 14%, y a examinar con rigor la gestión jurídica, política, discursiva y cultural que el establishment español ha hecho, a lo largo de las últimas tres décadas y media, de la pluralidad identitaria del Estado. Desde la LOAPA hasta las reacciones y respuestas ante el nuevo Estatuto catalán entre 2005 y 2010, para entendernos. Ya puestos, tal vez esos intelectuales críticos podrían mirarse al espejo de la historia contemporánea de España y tratar de descubrir en ella alguna lección provechosa para el escenario actual.
Por mi parte —espero que puedan perdonarme la osadía—, me permitiré aventurar alguna hipótesis muy personal. Para no retrotraerme a siglos que conozco menos, mi impresión es que, desde los albores de 1800, la cultura política española sólo ha concebido los conflictos de poder a los que hubo de enfrentarse en términos de victoria o derrota. La transacción, el fifty-fifty, el compromiso —ese concepto que, en alemán (Augsleich), sostuvo la estabilidad de la Europa danubiana durante el medio siglo anterior a la Gran Guerra, por ejemplo— resultan extraños, y objeto de menosprecio, en el acervo político hispano. Eso sí: es una incapacidad para el compromiso provista siempre de sólidas bases jurídicas y constitucionales.
La Constitución de Cádiz de 1812 definía “la Nación española” como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”; los absolutistas, por su parte, consideraban a Fernando VII soberano omnímodo “de las Españas y de las Indias”. Sin embargo, ni una legalidad ni la otra pudieron impedir que, en los tres lustros siguientes a la promulgación de la Pepa, la gran mayoría de los presuntos españoles del hemisferio americano dejasen de serlo para convertirse en ciudadanos de una serie de repúblicas independientes. Bien es cierto que Madrid tardó décadas en aceptarlo y en reconocerlas.
Ya advirtió Cambó que los pleitos sobre libertad colectiva no tienen soluciones jurídicas
La monarquía británica, en cambio, obró de un modo bien distinto. Aleccionada por el fracaso de la receta del todo o nada frente a la rebelión de las Trece Colonias de América del Norte, a lo largo del siglo XIX se apresuró a conceder amplísimos autogobiernos a sus criollos de las colonias de poblamiento europeo (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, el Cabo…), desactivando así las ansias de independencia de tales territorios y conservando hasta hoy mismo a la mayor parte de ellos —y a muchos otros— en el seno de la Commonwealth.
Significativamente, no ha existido jamás ni siquiera a nivel de proyecto una Commonwealth, una Mancomunidad hispánica de naciones. La España oficial no extrajo de la pérdida de la América continental ninguna lección útil y, cuando eclosionó el problema cubano, lo afrontó con la misma y desastrosa fórmula: inflexibilidad jurídica y firmeza retórica: el artículo 89 de la Constitución de 1876 consideraba a Cuba una “provincia de Ultramar”, parte inalienable de la nación; y el presidente Cánovas proclamó enfáticamente que España defendería Cuba “hasta el último hombre y la última peseta”. Los resultados del envite son de sobra conocidos.
Sí, ya sé que Cataluña no es Cuba, ni el virreinato del Río de la Plata. No estoy comparando las situaciones respectivas, sino los reflejos profundos del Estado español cuando se le plantean problemas de soberanía. Y ni siquiera soy original en eso: hace casi un siglo, en diciembre de 1918, un peligrosísimo separatista de nombre Francisco Cambó reprochaba en sede parlamentaria al Gobierno —a los gobiernos españoles de la Restauración— “querer prescindir por completo de las soluciones que en el mundo han tenido los pleitos de libertad colectiva”, llegando “a la triste conclusión de que un pleito de libertad colectiva no tenía solución jurídica, como nunca lo han tenido, por desgracia, en España”.
Desde luego, Cambó no pensaba en Escocia. Y ni siquiera se le había pasado por las mientes el caso de Gibraltar, ese microproblema de libertad colectiva que la España oficial no ha sabido resolver en tres siglos. Primero, porque trató de arreglarlo a base de cañonazos y asedios; luego, con verjas, candados y tapones fronterizos; siempre, con el objetivo último de ver a los gibraltareños rendidos y saliendo de uno en uno, con el carné en la boca. Lo dicho: victoria o derrota, sin términos medios. ¿Acaso hemos olvidado ya la épica reconquista de Perejil?
No, la inmensa mayoría de los catalanes que quieren ejercer la soberanía no odian a España ni lo español. Pero se sienten, especialmente desde el año 2000, maltratados moral y materialmente por un Estado —por un sistema jurídico-político— que perciben como ajeno, cuando no hostil, a su identidad y a sus intereses. Y, tras la sentencia que en 2010 disipó tantas ilusiones, no creen haber recibido de aquel Estado otra cosa que desdenes, humillaciones y amenazas.
Joan B. Culla i Clarà es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona.

http://elpais.com/elpais/2014/10/14/opinion/1413297484_230278.html

dissabte, 31 de maig del 2014

¿Son siempre compatibles legalidad y legitimidad?

Desde hace un par o tres de meses, en este país, estamos acostumbrados a utilizar y muy especialmente los representantes de los partidos políticos, gobiernos y, en mayor medida, los medios de comunicación , dos conceptos que pueden parecer sinónimos pero que no lo son: “legalidad y legitimidad”.

Ambos nos sirven por igual para defender o justificar una posición personal o política, una ideología frente a una nueva realidad social, convivencial, o sociológica en un momento histórico coyuntural determinado. Igualmente ambos términos o conceptos se utilizan como dique de contención para sostener u oponerse a quien opina o defiende lo contrario; es decir al que no está de acuerdo contigo. Sostener que un pensamiento o una acción política, no es legal parece que inculpa al que la pronuncia, mientras que argumentar que un acto o política no es legítima parece menos sancionable , malo o injusto. 

Desde una vertiente no académica y en el lenguaje cotidiano que es que utiliza la gran mayoría de los ciudadanos españoles, cabria preguntarse si estamos en presencia de dos conceptos bien definidos y claros o, por el contrario, resultan poliédricos, con diversos significados o interpretaciones. En definitiva, si podemos responder fácilmente a la pregunta: ¿Lo que no es legal es ilegitimo? ¿Lo que no está dentro de la ley o de su interpretación por una autoridad o tribunal, es siempre ilegal aunque sea legítimo?

Estamos muy acostumbrados a decir “esto no es justo”;”no es legal” y desde 1978, “no es constitucional”; pero decimos pocas veces que una acción o una opinión sea ilegitima.

Puestos a este nivel, la confusión terminológica y conceptual están servidas y hoy difícilmente podemos, únicamente desde el derecho i la ciencia jurídica, definir con claridad las fronteras entre lo legítimo y lo legal y que se entiendan y sean comprensibles, razonablemente, para el común de los mortales. Nuestra sociedad globalizada y de comunicación inmediata, no está ya para muchas teorías, sino que quiere que se le den claves para entender ¿qué está pasando actualmente, por qué está pasando y, sobretodo, qué pasara en el futuro próximo?

El valor legitimador más relevante del poder político es sin duda la democracia. Sin ella y sin un Estado de derecho no cabe hablar de legitimidad. Un poder legal ejercido democráticamente acostumbra a ser considerado como legitimo; pero sin embargo, legitimidad y legalidad, son dos cosas distintas 

La diferencia o frontera –a veces confusa i permeable – entre lo que es legal o es ilegal la marca la ley o lo determina una norma con independencia de si la misma es justa o es injusta. Es ilegal, por ejemplo, aparcar en una zona prohibida por un ayuntamiento o por ser zona de carga, ¿pero nos atreveríamos a calificar que aparcar en lugar prohibido es una acción ilegitima, criminal o intrínsecamente mala? En principio la respuesta generalizada seria negativa. En este ejemplo, es malo o ilegal porque no se ajusta a una ordenanza municipal ,pero nadie aceptaría que, una mal aparcamiento en zona azul, atente a la moral ni a la justicia, ni al orden público y que pueda ser considerado como un cuasi- delito o falta.

La legitimidad se justifica con la ética y la moral social de quien manda o detenta el poder. Ahora bien ¿la ley es siempre legítima? ¿Eran legitimas todas las leyes que se dictaron por regímenes totalitarios o dictatoriales como imperaron en Europa de Hitler, Mussolini o Franco? Yo afirmo sin ninguna duda que no. Quizás pueden decirse que estaban dentro de una ley y obedecían a una situación coactiva o de fuerza que dictaba la norma, pero no eran legitimas. Creo que todos estaremos de acuerdo que luchar contra normas que niegan los derechos fundamentales, por muy legales que sean, no son acto ilegítimos.

La legitimidad responde a un sentimiento, un anhelo o una voluntad expresada por quien detenta el poder soberano que es el ciudadano en su conjunto. Este poder lo ejercita este pueblo , en el ámbito de un territorio, en un momento histórico determinado y concreto. No es de siempre y para siempre.

Para poner tres ejemplos de rabiosa actualidad:

a) Matrimonios homosexuales: Desde hace mas de 7 años estaba planteado un recurso ante el Tribunal Constitucional por parte del PP, por considerar que la ley aprobada por las Cortes que lo autorizaba, no era constitucional (ilegalidad) .El día 7 de noviembre 2012 y el Tribunal por amplia mayoría de sus Jueces sentencio que el matrimonio homosexual en España ,que afectaba a mas de 35.000 parejas ,era totalmente legal. ¿Si el TC hubiera fallado en contra, la unión de los homosexuales sería considerado ilegitimo por la sociedad española o simplemente seria ilegal? 

b) Ejecución de hipotecas: La subasta de inmuebles y el desalojo de sus antiguos propietarios por parte de un Banco ,conforme a la Ley es legal y los jueces no podrían fallar en contra, so pena de poder ser acusados de prevaricación. Hoy se cuestiona por los propios Jueces y por el Consejo General de Poder Judicial si debe de aplicarse la ley en su integridad o caben salidas alternativas no previstas legalmente. ¿Quien tiene razón o que es legítimo?

c) Estatuto de Catalunya de 2006: Fue aprobado por el poder legislativo: Parlament de Catalunya y por Parlamento español. Refrendado por el pueblo soberano de Catalunya (único que estaba legitimado constitucionalmente para hacerlo y por tanto dentro de la mas estricta legalidad ). Sin embargo un partido Político, el PP ,el Defensor del Pueblo (¿que pueblo?) y alguna otra institución del Estado no de Catalunya lo recurren y al cabo de los años, en 2010 un Tribunal Constitucional (legal pero caducado muchos de sus miembros y diezmado por muertes e incompatibilidades )resolvió , en contra de mismo pueblo y de sus representantes , que no es legal a pesar de ser legitimo y aprobado legalmente. Muchos no lo entendieron y no lo han aún entendido.Ha supuesto un desprestigio popular de las instituciones del Estado. 

Resultado :¿En qué quedamos?

La legitimidad es un atributo del pueblo soberano, mientras la legalidad, emana del poder legislativo o en su caso del ejecutivo elegido por el legislativo, el cual desarrolla las normas o directrices dictadas por el legislativo democrático. Pero es precisamente por ello ,que la legalidad es temporal y muy variable. Está sometido a los vaivenes de la ideología de quien detente el poder en un momento histórico determinado y , por lo que se dijo en su momento, de la composición ideológica(progresistas o conservadores) de un Tribunal Constitucional .

La Ley por tanto puede cambiar o ser modificada en un momento concreto, pero siempre que sea en democracia y que sus normas no sean claramente ilegitimo.

La expresión democráticamente manifestada por parte de una comunidad o de la ciudadanía siempre será legitima pero puede resultar , coyunturalmente , que no esté amparada por una ley formal (por ser antigua o obedecer a derroteros políticos de quien detentaba el poder cuando fue dictada ).Resulta difícil interpretar que esta expresión de legitimidad pueda calificarse simplemente de ilegal , sin mas. 

En el supuesto que se plantee un conflicto entre la legalidad y la legitimidad, muy a pesar del formalismo de los juristas, quizás tendremos que preguntarnos qué concepto tendría que prevalecer. Deberíamos de trabajar desde el derecho y desde la política para que las cosas que son legitimas en conciencia de un pueblo i en un momento histórico, sean también legales 

Eduard Sagarra i Trias 
Abogado 
Profesor de Derecho Internacional Público. ESADE
 
http://es.helpcatalonia.cat/2014/05/son-siempre-compatibles-legalidad-y.html?spref=tw

dimarts, 27 de maig del 2014

Madrid es el problema, de Borja de Riquer en La Vanguardia

el 26 mayo, 2014 
OPINIÓN
El año 1887, Valentí Almirall, en su L’Espagne telle qu’elle est, sentenció que el gran problema político de entonces era España, no Catalunya. El último número de la revista L’Avenç lleva un editorial titulado “El problema es español”. Pienso que el principal problema que hoy tenemos no es Catalunya, ni tampoco es España, sino que es Madrid. O mejor dicho, el bloque político-económico que desde Madrid controla y gestiona toda España. Me explicaré: cuando escribía Almirall, y años después Joaquín Costa, una oligarquía poco moderna y un caciquismo tradicional dominaban España desde un Madrid pequeño, burocrático, provinciano y bastante desvinculado de Europa. El gran cambio se produjo con el franquismo, que consiguió convertir Madrid en “la capital del capital”. El régimen de Franco no sólo hizo de Madrid el exclusivo centro de las decisiones políticas, también propició que fuera el principal núcleo financiero y sede del poder económico. Se quiso hacer de Madrid un importante centro fabril, puesto que era preciso “descongestionar las grandes y peligrosas concentraciones industriales de Barcelona y Vizcaya” (Franco, 1944). Y si el primero y el segundo objetivo se lograron con creces, el tercero fracasó. Hoy no queda casi nada de las grandes industrias madrileñas creadas durante franquismo.
El proceso de convertir Madrid en la capital del gran capital se ha reforzado notablemente durante los 35 años de democracia, a pesar de la creación del Estado autonómico. Los gobiernos del PSOE y del PP han hecho de Madrid al gran beneficiado de sus políticas. En Madrid se recaudan los impuestos, se concentran las principales inversiones extranjeras –más del 65%–, se controlan los principales flujos financieros, es la sede de los más importantes centros de decisión públicos y privados y de más de la mitad de las empresas de mayor volumen de ventas. Pero Madrid exporta poco, está muy por debajo de lo que le correspondería porque produce muy poco. Sobre todo gestiona y reparte los recursos del conjunto español, pues su modelo es básicamente extractivo.
Hay un fenómeno significativo que aparece en todas las encuestas sobre los sentimientos identitarios de los españoles: la Comunidad de Madrid es donde hay el más alto sentimiento de pertenencia español y la menor identificación con su comunidad autonómica. No ha cuajado un regionalismo madrileño, cosa que sí ha pasado en la mayoría de las otras comunidades. El sentimiento de “capitalidad” imprime un carácter tan acusado que ha producido una gran identificación con el Estado-nación español hasta el punto que hoy son muchos los madrileños que piensan que, en el fondo, España es Madrid.
Estamos ante una sutil forma de apropiación de España por parte de Madrid. La enfática defensa de la nación española hecha por muchos políticos y los intelectuales de Madrid es una hábil forma de proteger el “modelo Madrid”. Aunque esta gran concentración de poderes sólo beneficia a una pequeña minoría. A una élite integrada por buena parte de los máximos dirigentes de los partidos españoles, por directivos bancarios y de multinacionales, por altos técnicos de la administración pública, por ejecutivos de empresas, por algunos profesionales e incluso por intelectuales. Las estrechas relaciones entre política y negocios, lo bastante bien engordadas durante la locura especulativa de los años 1996-2010, han consolidado una nueva oligarquía española, más moderna, poderosa y ambiciosa que la denunciada por Costa hace un siglo. El comportamiento de esta élite no es de simple administradora del patrimonio común de todos los ciudadanos, sino que a menudo actúa como el amo de la finca: recuerden aquello de “el solar es nuestro”. Esta minoría privilegiada, como controla también buena parte de los medios de comunicación, ha logrado difundir la falacia de que está defendiendo la nación de todos los españoles cuando, de hecho, protege su modelo de gobernar y decidir. Esta élite es la principal causante y beneficiaria de la baja calidad de la actual democracia española: monopolio de los partidos institucionales, políticas de influencias y corruptelas. Y es la gran responsable del considerable despilfarro de recursos públicos provocado por su política neocaciquil. Favorecida por el bipartidismo institucional (como durante la Restauración), esta élite se muestra firmemente opuesta a cualquier reforma democratizadora y, evidentemente, al derecho a decidir reclamado por la mayoría de los catalanes. Catalunya es demasiado importante para dejar que se escape de su control: concentra el 16% de la población, el 19% del PIB, el 22% de las recaudaciones fiscales, el 25% de las exportaciones, el 25% del turismo, el 35% de las patentes comunitarias, etcétera. Su forma de gestionar la vida política española sería inviable sin Catalunya. Hoy la élite de Madrid ve Catalunya como una “grande y peligrosa” concentración económica y “es preciso” que no tenga un auténtico poder: hace falta que todo continúe igual.
El caso catalán no ha provocado la actual crisis política española. Al contrario, es uno de los resultados de la persistencia del “modelo Madrid”. Los propugnadores de hipotéticas terceras vías tendrían que saber que cualquier propuesta o pacto sobre el futuro político español pasa necesariamente por el desmantelamiento de este depredador y escasamente democrático modelo de gobierno que sólo está beneficiando a la nueva oligarquía madrileña del siglo XXI.

diumenge, 20 d’abril del 2014

Tenim un problema en les paraules!

Traducció simultània

ESPANYA. Veure joves amb esvàstiques cremant una estelada, o policies espanyols atonyinant un jove al crit de “Te vas a enterar, catalán de mierda ”, no és un espectacle que m’apassioni, però té la virtut de la sinceritat descarnada. De vegades resulta més irritant el continu joc retòric que practica l’espanyolisme polític per maquillar la seva veritable cara i els seus objectius. Per amagar Espanya, sobretot. Ben mirat, per què se n’amaguen, d’Espanya? Per què s’autoanomenen ciutadans, o convivencia cívica catalana, o -més risible encara- societat civil catalana? Per què un falangista de tota la vida com Josep Anglada va decidir protegir-se sota l’equívoca denominació Plataforma per Catalunya? ¿Tan malament està la marca Espanya? Potser caldrà que arribi un Mundial de futbol perquè els espanyolistes disfressats de cosmopolites es treguin la careta, com ho fan els aficionats que, amb tot el dret del món -el mateix dret que voldríem tenir nosaltres-, surten a expressar la seva alegria quan la seva selecció té un èxit. De fet, el 2010 Albert Rivera va tenir allò que se’n diu un arrebato i va aparèixer al Parlament català brandant una samarreta de la roja. Des d’aleshores, però, no fa altra cosa que intentar curar-nos dels mals del nacionalisme. I si li pregunten si creu que Catalunya és una nació, ell respon que no és “creient”. Ho fa des d’aquest país neutre sense himne ni bandera que ell anomena “l’estat de dret”. El més curiós del cas és que l’elisió sistemàtica del mot Espanya, fins no fa gaire, era un dels defectes del cànon lingüístic catalanista, que ens ha portat a dir ridiculeses com ara “L’escriptor X és un referent de la cultura estatal”. Assumim-ho, tots plegats: es diu Espanya. Es-pa-nya. Tant costa de dir?

TRADUCCIÓ. Les trampes semàntiques són a la base de tot l’argumentari utilitzat en els darrers temps contra les aspiracions sobiranistes. Per això certs discursos cal escoltar-los amb traducció simultània, perquè si no alguns ingenus es poden confondre. Alguns exemples: quan diuen ciutadà, volen dir espanyol; quan diuen nacionalista, volen dir català; quan diuen dret, volen dir deure; quan diuen Constitució, volen dir coartada; quan diuen bilingüisme, volen dir monolingüisme; quan diuen trilingüisme, també volen dir monolingüisme. Quan diuen risc, volen dir amenaça. Quan diuen fractura, volen dir fracturarem. Quan diuen federalisme, volen dir apoyaré. Quan diuen solidaritat, volen dir subsidi. Quan diuen ajudes del FLA, volen dir -com Alfonso Guerra-“ que vengan a por alpiste ”; quan diuen corredor mediterrani, volen dir corredor central; quan diuen Catalunya, volen dir pro vincia ; quan diuen pluralisme, volen dir Marhuenda; quan diuen pont aeri, volen dir Barajas; quan diuen seny, volen dir rendició; quan diuen impossible, volen dir inacceptable; quan diuen estabilitat, volen dir immobilisme. Quan diuen diàleg, volen dir entregueu el cap del president en una safata. I finalment, quan diuen que quedarem fora de la UE i de l’ONU, volen dir que si marxem ens faran tot el mal que puguin, la qual cosa és una demostració d’amor extremadament possessiu, evocat en més d’un bolero, i perfectament tipificat en el Codi Penal. 

Si algú s’entretingués a fer un codi per desxifrar tots aquests paranys lingüístics, potser podríem -finalment- establir una comunicació sincera, condició indispensable per afrontar com cal un problema polític. I quan diem problema polític, volem dir problema polític.

http://www.ara.cat/premium/opinio/Traduccio-simultania_0_1123687650.html

dissabte, 18 de gener del 2014

Cataluña es soberana

http://www.eleconomista.es/catalunya/noticias/5466631/01/14/Cataluna-es-soberana.html
Jordi S. Grau Bastardas, Abogado
17/01/2014 - 13:32
Cataluña
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Jordi S. Grau Bastardas, Abogado

Cuando leí el artículo del Sr. Cardona, pensé que el mismo estaba lleno de buenas intenciones pero que contenía afirmaciones que, entiendo, no coinciden con la realidad jurídica, económica y sociológica de la actual situación en Cataluña.

Sin entrar en consideraciones ideológicas (que pueden o no coincidir con mi pensamiento personal), voy a intentar exponer, párrafo a párrafo, aquellos extremos que pienso deben matizase y tenerse en cuenta para analizar la citada situación.

El atículo comienza con la afirmación de que el hecho de haber votado una constitución en el lejano 1.978, implica haber ejercitado el derecho a decidir.

Con respecto a ello debo señalar que haber ejercitado un derecho no implica su extinción. Haber votado una vez no quiere decir que no se pueda volver a plantear la cuestión. Así en Quebec, por ejemplo, se ha votado sobre la independencia dos veces (1980 y 1995) y se prevé una próxima votación. Las situaciones y circunstancias son cambiantes y evolucionan, por lo que, salvo que exista una norma de derecho positivo que lo impida, los derechos son inalienables, imprescriptibles, irrenunciables e inextinguibles.

Tampoco puede decirse que el marco social e histórico en el que se redactó, se acordó y se sometió a votación la Constitución Española de 1978, fuese de paz social, política y de igualdad, como pretende el artículo comentado: existía una amenaza cierta, real y constante de golpe de estado militar, el Rey quebrantó los juramentos (¿leyes?) del anterior régimen y el franquismo tenía todas sus estructuras en pleno funcionamiento. De ello es un ejemplo la redacción del actual artículo 8 de la Constitución, impuesto por el ejército, según ha relatado algún miembro de la ponencia redactora de la misma. En este contexto, no parece que pueda afirmarse que los votantes lo hiciesen según un criterio libre de prejuicios y exento de temores como para emitir un voto no condicionado. Y, además, no existía ningún texto ni opción alternativo.

Por otra parte, el derecho de autodeterminación en este país, no se ha ejercitado nunca. Se votó una constitución en bloque y sin posibilidad de no votar aquellos puntos con los que no se estaba de acuerdo. Es como si me dicen que estoy de acuerdo con el programa de un determinado partido porqué lo he votado: En el programa del PSOE de 1982 figuraba el slogan "OTAN: de entrada NO" y, en cambio, en el 1986, convocó un referéndum sobre la permanencia en dicho organismo absolutamente contrario a sus postulados programáticos. Jurídicamente, irreprochable. Moralmente, reprobable.

Es importante señalar, sobre la legalidad de las propuestas de los distintos partidos políticos, que la Constitución Española en su un artículo 96, establece lo siguiente:

"Artículo 96

1. Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno. Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho internacional."

En consecuencia, al formar parte España de la ONU, sus tratados, disposiciones y demás normativa son de directa aplicación en este país. El órgano jurisdiccional de la ONU y, por lo tanto, máximo intérprete del texto de sus tratados, es la Corte Internacional de Justicia. Con fecha 22 de julio de 2010, dicha Corte emitió su "Opinión Consultiva" número 141 de la Lista General, a instancias de Serbia, sobre la legalidad de la declaración unilateral de independencia declarada por las instituciones provisionales de autogobierno de Kosovo. España intervino en dicho proceso, formulando alegaciones ?contrarias a la independencia de Kosovo, evidentemente-. Con dicha actuación, España quedó sometida y vinculada por la resolución de la Corte debiendo aceptar el resultado del proceso: quien forma parte de un procedimiento, voluntariamente, alega y se somete, no puede, si la resolución no es de su agrado, no acatarla.

La citada Opinión Consultiva dictaminó que la declaración unilateral de independencia de Kosovo era legal según el Derecho Internacional.

Su fundamento fue, en síntesis, que si en unas elecciones concurre un partido o grupo político con la propuesta programática de declarar la independencia de una región o territorio (en este caso, era un Protectorado de la ONU), si vence las elecciones, puede, bajo el amparo del derecho internacional, declarar la independencia del territorio.

Según el citado artículo 96 de la Constitución Española, dicha resolución interpreta de forma auténtica parte del derecho interno de España, por lo que, en el supuesto de un caso análogo, debería acatar la declaración de independencia formulada en iguales términos. Y sin que deba someterse a votación dicha declaración de independencia al resto del ámbito territorial del estado del que formaba parte.

En cambio, sí que estoy de acuerdo con el artículo del Sr. Cardona, en que no tiene amparo constitucional un referéndum sobre la independencia unilateralmente convocado sin aprobar la legislación de desarrollo legal.

En cualquier caso, políticamente, y en base a la máxima jurídica de que ?quien puede lo más puede lo menos?, si el derecho internacional ampara la declaración unilateral de independencia, no parece que los políticos deban poner impedimentos para efectuar un referéndum como el que se pretende, articulando para ello los instrumentos legales pertinentes.

De igual modo, con los medios y conocimientos existentes en pleno siglo XXI resulta incomprensible que un gobierno no deje expresar a sus ciudadanos libremente y sobre cualquier extremo. Francamente, recuerda mucho al despotismo ilustrado del siglo XVII.

En otro orden de cosas, dice el ensayista, que debería haber planteado el Govern de la Generalitat o el Parlament, la reforma o revisión de la Constitución de manera formal.

Tal como he expuesto, para declarar unilateralmente la independencia no hace falta ninguna revisión; solo hace falta convocar unas elecciones y presentarse a ellas con un programa que contenga dicha declaración. Nada más. Entonces: ¿para qué promover la citada reforma?

En cuanto a la constitución de un estado federal, extremo éste apuntado, vacilantemente, por algunos partidos políticos, sí tendría que modificarse la Constitución, puesto que requeriría establecer nuevas reglas de juego entre los estados miembros. Puede ser una solución, a la vista del resultado de un referéndum en el que no se vote por la independencia, pero sí por la configuración de un Estado Catalán.

Plantea el Sr. Cardona, que la consulta al pueblo catalán no sea vinculante y pactada con el Gobierno Central.

Mi opinión es la contraria: lo que decida el pueblo debe ser vinculante siempre, puesto que es este quien debe decidir su futuro y no unos supuestos representantes que tan solo ostentan cargos a raíz de escalar en sus respectivos partidos políticos. El contrato social hace tiempo que se ha incumplido por parte de los políticos inmersos en una vorágine de corrupción sin medida, vergüenza ni penalización y la división de poderes está más que enterrada, como se encargó de señalar D. Alfonso Guerra. La única salida posible de una democracia del siglo XXI, es devolver el poder al pueblo, mediante votaciones sobre todas las cuestiones que sea posible, a imagen y semejanza del sistema helvético. Recordar que, en Suiza, se han sometido a referéndum cuestiones que parecían imposibles en otros estados, como el mantenimiento del servicio militar obligatorio (se votó a favor de su permanencia), la limitación del sueldo de los altos cargos empresariales (voto a favor de su no limitación) y, actualmente pendiente, sobre la Renta Básica de todo ciudadano (cuestión ésta de grandísima trascendencia). No puede sustraerse de la población la decisión sobre ninguna materia, ya que cabe recordar que los políticos están a nuestro servicio y cobran gracias a nuestro trabajo, y no al revés.

Por otra parte, nos habla el ensayista, como otros muchos lo hacen, de iniciar el camino pactista dentro del marco constitucional.

Si bien nunca puede arrinconarse dicha vía, lo cierto y real es que solo se puede negociar desde posiciones de igualdad y siempre que exista la voluntad de las dos partes de hacerlo. Actualmente, estas condiciones no se dan. De hecho, quien ha roto el cierto ?statu quo? socio-político existente, ha sido el Gobierno central, al aplicar una especie de ducha escocesa: ahora te transfiero competencias, ahora te las quito.

Más adelante, el Sr. Cardona, en su artículo, nos dice que nadie explica las consecuencias de la independencia de Cataluña -como si alguien quisiera esconderlas- y que se apela a sentimientos identitarios para abrazar las banderas que no sean las de España.

En este sentido, tampoco nadie nos ha informado sobre qué implicaciones tiene para Cataluña permanecer en el Estado actual. Tampoco se explica el 99% del contenido de los programas de los partidos políticos y, aun así, les votamos. Vivimos en un mundo en el que la información es libre, en el sentido de que, quien quiere, se informa, bajo la premisa de que no existe la verdad absoluta ni fuente de total garantía. Tampoco sabemos con seguridad cuáles son las consecuencias de la independencia de Cataluña, del mismo modo que nadie previó, con certeza, la crisis actual o el crac del 1929. A lo máximo que podemos aspirar es a formular simulaciones y especular con posibles escenarios.

Lo que si resulta exigible, es la mejora en la gestión de la cosa pública, no como hasta ahora. Y el pueblo necesita acciones tanto de seriedad en la conducta pública, como de responsabilidad por sus acciones. Sobre este extremo, sirvan dos ejemplos ocurridos esta misma semana diametralmente opuestos: uno, de servicio y seriedad, ha sido la Infanta Dª. Cristina con respecto a su segunda imputación por el caso Noos y la renuncia a recurrirla, acudiendo a la cita judicial puntualmente: solo cabe felicitarla (a ella o a sus asesores) por tal actitud que deberían ser ejemplo para otros dirigentes públicos, que intentan evitar la acción de la justicia o se dedican a desprestigiar a quien pretende fiscalizar sus actuaciones por los medios legales, con publicidad incluso en la web del Ayuntamiento, como el actual consistorio municipal de una población cercana a Barcelona, gobernado por ERC, que es el segundo ejemplo, éste en negativo.

Por otra parte, me parece muy pretencioso hablar de inmadurez popular en referencia a los catalanes nacionalistas, cuando tanto o más nacionalista es un español unionista como un catalán separatista. Y no creo que si le preguntamos a una persona de la calle de, por ejemplo, Andalucía, qué ventajas tiene que Cataluña no se escinda de España, pueda respondernos con fundamentos macroeconómicos, sin abrazarse a sentimientos.

Creo que todos preguntamos y buscamos respuestas, encontrándose muchas en distintas webs -como www.wilson.cat-, en la que economistas, muchos de ellos catedráticos de universidades como Columbia, responden a dichas cuestiones.

El sentimiento de pertenecer a un territorio, sobrepasa los criterios economicistas que, además, pueden existir y resultar plenamente ciertos y reales. Y, no olvidemos que el mayor incentivador del separatismo ha sido, desde el punto de vista de los independentistas, el Gobierno central cuando lamina e ignora las peculiaridades de las nacionalidades existentes, actualmente, en España, con una ignorancia sin límites del artículo 3.3 de la Constitución que dice: ?3.3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.? Realmente, poco o nulo caso hace la llamada Ley ?Wert? o LOMCE, al citado precepto.

El Sr. Cardona también se lamenta en su artículo, que con dicha falta de información sobre las consecuencias reales de la independencia de Cataluña, no se puede votar si ésta no se transmite de una forma serena y objetiva.

Pero, y la Constitución de 1978 ¿no fue un fraude? ¿Quién sabía el contenido del Título V o del X? ¿Quién entendía que función, sentido y necesidad tiene la existencia del Senado? (incluso, hoy en día, dudo que alguien lo sepa)

No creo que haga falta insistir en la existencia de múltiples fuentes de información en internet, conferencias, libros, escritos y artículos dirigidos por prestigiosos tratadistas de todos los colores y especialidades, como para poder establecer una opinión suficientemente informada sobre la cuestión. Posiblemente, a día de hoy, sea uno de los temas más tratados por gentes de todo color. Pero, repito, se trata de hacer un esfuerzo de formación activo y, si no, es mejor guardar silencio o votar no.

Se pregunta el Sr. Cardona, sobre diversos aspectos y consecuencias de la independencia de Cataluña.

En primer lugar, sobre el tratamiento que daría Cataluña a los catalanes que quisieran seguir siendo Españoles.

Con respecto a este punto, no creo que a nadie se le pase por la cabeza ninguna otra solución que la que se ha dado en otros estados con una situación similar, y ésta es la doble nacionalidad. También sería aplicable el artículo 24 del Código Civil Español, en cuanto permite optar, para aquel que lo quisiese. No se concibe como dos Estados que han formado uno, por el hecho de emanciparse, deban mantener un trato distinto al que tuvieron mientras estaban unidos.

Sigue preguntándose el articulista, como se haría cargo de la Seguridad Social y de las pensiones la Cataluña independiente, sobre todo teniendo en cuenta que Cataluña tiene una deuda pública galopante y que su financiación en los mercados internacionales es difícil por su cualificación de bono basura.

La respuesta es clara: actualmente es Cataluña la que envía más dinero a España del que recibe, para mantener los citados servicios en la Comunidades autónomas que no generan los suficientes recursos; por ello, libre de dicho pago, tendría recursos más que suficientes para dedicarlos a garantizar los repetidos servicios. No parece, ni por asomo, que exista ningún riesgo de impago.

En cuanto a la financiación de la Cataluña independiente lo cierto y real es que, la actual situación de crisis financiera de la Generalitat tiene como base, además del evidente desgobierno de los políticos responsables, un desmesurados trasvase de fondos hacia el resto de España. Resulta, y es pacíficamente reconocido, que Cataluña genera, aproximadamente, un 20% del PIB total estatal, siendo la tercera Comunidad en orden de generación de recursos. En cambio, cuando se trata de inversión estatal o retorno, pasa a ser la octava o novena comunidad perceptora, lo que implica que, para que un ciudadano residente en Cataluña reciba iguales servicios que los que recibe, por ejemplo, un Extremeño o un Castellano-Leonés, la Generalitat deba endeudarse. Y esto durante años (lo que ha podido hacer gracias a la muy favorable acogida de su deuda). Actualmente, ya no puede acudir a los mercados internacionales, entre otros motivos, por tener que ceder ingresos al resto de España: son números, no política. Posiblemente, en el momento en que una Cataluña independiente no tenga que transmitir fondos al resto de España, su capacidad de endeudamiento mejorará y ya no será un bono basura. Esto, si tiene que acudir a los mercados.

Comenta el ensayista que, aparte de la deuda propia de Cataluña, caso de independizarse, debería asumir una cuota de la deuda pública española.

Entiendo que deberíamos hacer balance de lo que Cataluña ha aportado al resto de España a fin de restarlo de la deuda Estatal, en cuanto se haya o no beneficiado de la inversión que concreta. Una vez hecho esto, sabremos si Cataluña debe asumir una parte de deuda o es España quien debe satisfacer algún pago de más. Por ejemplo, si la deuda del Estado la motiva la financiación del hospital de Toledo, Cataluña no deberá pagar nada ni endeudarse por esa parte de deuda. Solamente debería hacer frente a la deuda que se haya generado por inversiones en su territorio (AVE, etc.), disminuyéndola con lo aportado de más. Creo que debe haber una negociación sobre dicho tema, sobre las bases citadas.

Y aquí aparece la constante advertencia de la ?letanía? del ?España nos roba?, en cuanto puede comprometer, dice el Sr. Cardona, las inversiones de los mercados.

Como buena letanía política es simplista y poco matizada, por lo que no merece mayor comentario en estas líneas. Solamente, añadiría que los mercados solo escuchan una cosa: BENEFICIOS. Si Cataluña puede ofrecer mejores condiciones que ayuden a conseguir más beneficios, los mercados y las empresas vendrán. Es verdad que el capital es asustadizo y que, en un principio, la independencia catalana comportará una incerteza de la situación, pero no es menos cierto que, durante años, el capital ha entrado en Cataluña por su forma de hacer negocio. Y esto tiene un peso de cara al futuro que debemos valorar.

Nos alerta el Sr. Cardona por el futuro de los saldos bancarios, puestos de trabajo y una abrumadora carga fiscal, como fruto de la secesión.

¿Y si fuese justo al revés?: nos convertimos en un paraíso fiscal . Por ejemplo, otra opción sería ceder parte del territorio (¿bases?) a China, Rusia o USA a cambio de un "alquiler": ¿quien tendría problemas, entonces?

Esto no deja de ser más política-ficción, ya que, como he dicho, nadie puede saber con certeza que pasará. Lo cierto y real es que, actualmente, Cataluña ya tiene una presión fiscal, si no la más alta, si una de las más terribles de Europa, lo cual lastra cualquier iniciativa privada y perjudica gravemente el desarrollo social: parece que los gobernantes han olvidado a Laffer y su célebre curva.

Y aquí llega el gran tema: EUROPA.

¿Qué pasa con ella?

La UE ha cambiado de opinión conforme ha crecido la presión de España ante la abrumadora marea independentista. Hace aproximadamente un año, la Comisaria de Justicia de la UE, manifestó una obviedad jurídica: los tratados UE no prevén que sucede con un estado escindido de un miembro. Su respuesta fue que debe aplicarse la Convención de Viena sobre interpretación de los Tratados Internacionales y, en principio, seria la parte escindida del estado la que debería manifestar si quiere o no asumir los compromisos del estado del que formaba parte. Es decir, sería Cataluña la que debería decidir quedarse o no.

Con posterioridad y una vez vista la evolución del ?tema?, han aparecido las voces amenazando con la expulsión. Todo ello con bases más políticas que de técnica jurídica.

Ciertamente, llegados a este punto, creo que Cataluña independiente podría ser "no incluida" dentro de la UE, a pesar de que 1) ya somos ciudadanos UE, 2) cumplimos los requisitos UE y 3) somos una región que aporta capital a la UE.

Este extremo es de gran complejidad para ambas partes, pero en ocasiones cabría plantearse la conveniencia de no pertenecer a la UE, y en cambio, conseguir la firma de tratados bi o multilaterales con otras regiones del planeta, con las que sea de interés mantener relaciones comerciales. La Gran Bretaña no tiene el Euro por moneda y no se puede decir que le haya ido mal y la moneda Noruega ha sido "moneda refugio" durante la crisis, sin que dicho país se haya hundido. Suiza tampoco parece padecer problema alguno por estar fuera del Euro y de la UE y otros estados se están planteando dejar la UE. Todo lo cual, aliñado con los últimos acuerdos arancelarios, que cada vez facilitan más el comercio mundial sin pertenecer a ninguna otra organización económica local.

En definitiva, y este es otro de los grandes retos políticos actuales, la UE no tiene sentido si no se encamina hacia la Europa de las Regiones, evitando la obstrucción de los Estados decimonónicos que se han enquistado en un mundo que ya no es el suyo y que no entienden.

Hay un aspecto que parece pasar desapercibido en los análisis sobre la cuestión independentista, y es que muchos ciudadanos no solo aspiran a la independencia, sino que la vinculan a una nueva manera de hacer política, que solo podrá triunfar si se cambian las estructuras de estado: con políticos que sirvan al pueblo con verdadera vocación de servicio y no de servirse.

Posiblemente, la actual ola independentista, latente desde hace muchos decenios en la sociedad catalana, está teniendo otra consecuencia no querida: enmascarar las faltas y limitaciones de nuestros políticos. Aunque creo que, por primera vez, se les ha escapado de las manos y son los ciudadanos los que están llevando en volandas a los políticos.

Sobre el hecho que advierte el ensayista de que nos empequeñeceremos y que ello no parece la mejor fórmula para afrontar el futuro, solamente un ?pequeño? razonamiento: Suiza, Liechtenstein, Montecarlo, Dinamarca, Holanda, etc., no parecen tener ningún problema con el tamaño. Parece más un chascarrillo machista que una medida económica.

España, dentro de la UE, no tiene peso político alguno, como ha quedado demostrado durante la gestión de la crisis. En consecuencia, permanecer o no unidos en nada nos favorece o perjudica a nivel UE.

Es más, si la UE quiere sobrevivir, los Estados integrantes deberán ir cediendo, paulatinamente, su soberanía en favor de dicho organismo supranacional. Muchas veces, desde las posiciones del nacionalismo españolista, se nos quiere hacer creer que los estados "grandes" son el futuro, cuando el futuro es que vayan quedando diluidos dentro de los entes como la UE.

En cuanto a los sentimientos y lazos de amistad y familiares, nadie dice que no puedan y deban mantenerse, bajo la simple fórmula de la doble nacionalidad y de tratados bilaterales.

Lo que sorprende sobremanera es que, si España tanto quiere a Cataluña (por cuestiones no económicas), la menosprecien desde las posturas del nacionalismo español y amenacen con vetar el ingreso en la UE (si es que se expulsa a Cataluña), o que habrá fronteras, etc. Lo lógico sería que intentasen convencer a los ciudadanos de lo muy queridos que son, y que si, finalmente, deciden separarse de España, siempre serán bienvenidos, procurando tejer lazos de amistad y convenios que preserven la buena relación que, dicen, existe. La ruptura de lazos, en el hipotético caso de producirse la segregación de los Estados, tan solo la propone el nacionalismo español. Desde Cataluña yo no he escuchado a ningún político decir que no se quiera mantener un trato exquisito con España. Incluso Oriol Junqueras lo mencionó no hace mucho, resultando un ejemplo emblemático de coherencia y visión política que supera los localismos que pretenden achacar al nacionalismo catalán.

Se dice en el artículo comentado que los políticos están haciendo un ejercicio de irresponsabilidad, que conducirá a una precariedad y frustración que los ciudadanos no se merecen.

Cuando alguien tiene una ilusión y ésta no se cumple, tiene una frustración. Pero, ante esto, ¿nunca deberemos ilusionarnos? Metas más complejas se ha planteado la humanidad y no ha renunciado a ellas por miedo a la frustración o al exceso de complejidad. La humanidad solo evoluciona en base a ilusiones. Si no, desaparece. Nos habríamos extinguido por que ¿quién no ha sufrido un desengaño amoroso? y no por eso hemos dejado de buscar a nuestra pareja.

En resumen: Creo que estamos ante un reto fabuloso en cuanto puede abrir nuevas expectativas y nuevos estadios (se decida por la independencia o no) que sacuden los cimientos de nuestra sociedad, que bien lo necesita.

Y en lo más profundo, se trata de un absoluto ejercicio de democracia ¿puede decir lo mismo quien niega el derecho a votar a un pueblo?


Leer más:  Cataluña es soberana - elEconomista.es  http://www.eleconomista.es/catalunya/noticias/5466631/01/14/Cataluna-es-soberana.html#Kku8g1sXnWC1ugcm

dissabte, 7 de desembre del 2013

Independentista

En Juan Diego, fins ara madrileny silenciós, ha decidit avui trencar el seu silenci i a La Vanguardia d'avui, pàgina 34, escriu la carta que tot seguit podeu llegir:

Independentista

Cartas | 13/10/2013 - 04:18h | Última actualización: 13/10/2013 - 18:43h
Como madrileño he llegado a la conclusión de que soy independentista catalán. No entiendo al Gobierno de España. No entiendo cómo puede tener a una comunidad de siete millones y medio de personas así. Una comunidad que tiene tres idiomas oficiales. Que es referente en muchos campos y que ha sido motor de España desde antes de la democracia. Que no sólo ha sido puerta de entrada de importaciones, inversiones y turismo, que es puerta de entrada de cultura, modernidad y respeto. No se le puede decir a un pueblo que no use su idioma para educar a sus hijos. No pretendas que se queden inmóviles amenazándoles con qué les pasará si nos abandonan. No es dinero lo que perdemos. Perdemos siete millones y medio de habitantes, cultura, gente muy importante y preparada en muchos campos, empresas internacionales y nacionales, industria, prestigio, calidad como país y democracia.

Al motor de España durante décadas se le cuida y se le mantiene, se invierte para que siga siendo competitivo. No se le gripa una y otra vez esperando que dé el 300% para que otras comunidades que nunca han funcionado o que tienen un concierto económico especial se permitan dar ayudas y subvenciones que Catalunya ya no puede. ¿Qué solidaridad es esa? Y la respuesta desde hace años es no. No a todo, a sentarse a hablar, a una mejora de financiación, a una redistribución mejor de la solidaridad y ahora a una consulta. No soy catalán, soy madrileño, y me entristece decir que les entiendo, que para seguir así, es mejor que sigan solos. Yo tampoco quiero estar donde no se me aprecia.

JUAN DIEGO Valdemoro (Madrid)

Carta original: http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20131013/54391001720/independentista.html


dimecres, 30 d’octubre del 2013

La família del pis 10è

Diumenge  27.10.2013  00:00
Autor/s: Josep Miquel Bausset · Monjo de Montserrat

En un barri hi havia un edifici de deu plantes, una per família. En una reunió dels propietaris, decidiren per 9 contra 1, que com que la família que vivia al pis 10è tenia més bona vista que les altres, per tal de compensar la 'discriminació visual' que patien les 9 famílies que vivien als nou primers pisos, l’ascensor només pujaria fins al pis 9è. Del 9è al 10è s’hauria de pujar a peu.

En una altra reunió, i a causa de les subvencions rebudes per part de l’Ajuntament, els propietaris dels pisos, també per 9 contra 1, aprovaren que els xiquets dels pisos de l’1 al 9 rebrien unes ajudes escolars. Però no els xiquets del pis 10è.

En una altra reunió, i també per 9 contra 1, es decidí que la neteja de l’escala només seria la corresponent al tram des del pis de l‘1 al 9. Però no del 9 al 10, neteja que hauria de fer la família que vivia al pis 10è.

En una altra reunió de veïns, s’acordà, també per 9 vots favorables i un desfavorable, que la família que vivia al pis 10è pagaria un suplement, justament per la posició privilegiada que tenien, pel fet de viure en el pis més alt i per tant, de tindre més bona vista.

Un dia, el matrimoni i els fills del pis 10è decidiren que ja n’hi havia prou. Que no aguantaven més discriminacions. Per això, avisaren els altres veïns que ells se n’anaven a un altre bloc de pisos, per tal de no haver d’aguantar més humiliacions.

Els propietaris dels primers nou pisos feren una reunió (a la qual no assistiren els membres de la família que vivia al pis 10) en la qual prohibiren als propietaris de la família del pis 10è, que abandonaren la finca.

Malgrat tot, els membres del pis 10 d’aquella finca decidiren d'abandonar la casa, cansats de tantes humiliacions. Les famílies dels pisos 1 al 9 amenaçaren la família del pis 10, argumentant que no trobarien cap altre pis a la ciutat. I que els fills, si abandonaven aquell barri, no trobarien plaça a l’escola. Els propietaris dels pisos 1 al 9 digueren a la família del pis 10è que ells tenien influències en el Consell Escolar de l’escola del barri on aniria a viure la família del pis 10è i que els menuts no tindrien plaça.

El dia que la família del pis 10 abandonava aquella finca, 'casualment' l’ascensor no funcionava. El matrimoni i els fills hagueren de baixar llibres, mobles i roba, a peu, per tal de carregar-ho al camió que els traslladaria a la seua nova vivenda.

Els veïns dels nou primers pisos no es van oferir en cap moment a ajudar la família que se n’anava. Això sí, els van acomiadar amb insults i menyspreus.

La família del pis 10, pacientment, va baixar per l’escala tots els objectes que tenia al pis i, després de carregar-ho al camió, se n’anà al nou pis que van comprar, on van ser molt ben acollits. Malgrat les amenaces dels propietaris dels pisos de l’1 al 9, els xiquets tingueren plaça a l’escola del barri on s’havien traslladat.

El matrimoni, una vegada instal·lat a la nova vivenda, va recordar aquella frase de Martin Luther King: 'Si no ens dobleguem, no ens pujaran al damunt'.
I van recordar també, unes frases que no han oblidat mai més:

'En tanto en Cataluña quedase un solo catalán y piedras en los campos desiertos, hemos de tener enemigos y guerra'.
(Francisco de Quevedo, 1640)

'Hay que reducir Cataluña a los usos y costumbres castellanas'.
(Conde-Duque de Olivares, 1641)

'Que en las escuelas no se permita libros en catalán, escribir ni hablar en ella dentro de las escuelas y que la doctrina cristiana sea y se aprenda en castellano'.
(Felipe V, 1715)

'Si el Estado no impusiera el castellano en toda España, los dialectos se impondrían al castellano'.
(Miguel de Unamuno, 1901)

“Si una mayoría de catalanes se empeñan en perturbar la ruta hispánica, habrá que planearse la posibilidad de convertir esa tierra en colonia y trasladar allí los ejércitos del norte de África. Todo menos......lo contrario”.
(Ramiro Ledesma, 1931)

'Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España, la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar España, prefiero a Franco'.
(Manuel Azaña, 1931)

'No estoy haciendo una guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un nacionalismo estúpido y pueblerino'.
(Juan Negrín, 1938)

'¿Ustedes creen que hemos hecho la guerra para que el catalán vuelva a ser de uso público?'.
(Acedo Colunga, 1952)

'Cataluña fue ocupada por Felipe IV, Felipe V, fue bombardeada por el General Espartero y la ocupamos en 1939 y estamos dispuestos a volverla a ocupar tantas veces como sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger de nuevo el fusil'.
(Manuel Fraga, 1961)

'Hay que fomentar la emigración de gentes de habla castellana a Cataluña i Baleares, para así asegurar el mantenimiento del sentimiento español'.
(Leopoldo Calvo Sotelo, 1983)

'El terrorismo en el País Vasco es una cuestión de orden público, pero el verdadero peligro es el hecho diferencial catalán'.
(Felipe González, 1984)

'Nunca se obligó a hablar en castellano'
(Juan Carlos I)


Més clar, aigua!!!!

dijous, 15 d’agost del 2013

El pacto Constitucional español y el derecho a la autodeterminación

Una de las formas más sencillas para ver que el ordenamiento legal y constitucional deriva de la democracia y no al revés, que la democracia deriva de la legalidad constitucional es leyendo el preámbulo de la Constitución, dónde se fundamenta la exposición de motivos por los cuales se ratifica la siguiente Constitución.
Un preámbulo no tiene valor normativo, pero sí que tiene valor jurídico (STC, 4 de octubre de 1990), pero ¿cuál? Una interpretación, aunque existen muchas discrepancias a nivel internacional en derecho comparado, es que precisamente el valor jurídico que tiene el preámbulo es que representa la expresión democrática que condiciona la legalidad, las condiciones del pacto constitucional, que si se rompieran, el pacto constitucional quedaría roto. Vamos a analizar:
La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:
Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.
Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.
La ley como expresión de la voluntad popular, aquí queda claro que la ley está por debajo de la voluntad popular.
Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.
En el preámbulo se reconoce la existencia de más de un pueblo dentro de España, y además condiciona a protegerlos en el ejercicio de los derechos humanos.
Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.
Establecer una sociedad democrática avanzada, y
Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.
En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente
“En consecuencia” es la clave que nos dice que a través de todo lo dicho se deriva la siguiente Constitución. ¿Podría entenderse como un carácter imperativo de condicionalidad? Si no existe el acuerdo anterior, la consecuencia no se produce, y la ratificación a través de referéndum se anula y el pacto Constitucional se rompe.
¿Cuál puede ser el elemento que rompería el pacto Constitucional? En este caso, como las Cortes representan la voluntad popular no sería ninguna ruptura que el PP estuviera haciendo leyes y decisiones que traen mucha polémica, incluso se podría poner entre comillas lo de orden económico y social justo ya que se trata de algo muy subjetivo, sin embargo, existe algo que no es subjetivo, que es claro, se trata de la siguiente parte del preámbulo:
Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.
Dónde se está reconociendo el respeto a los derechos humanos de los pueblos de España, reconociendo que existe más de uno, y que si una parte, bajo una expresión democrática se declara como pueblo, la Constitución Española debería garantizar el ejercicio de sus derechos humanos. Pero ¿cuáles? ¿El derecho a la autodeterminación también?
Sí, España tiene bajo su ordenamiento jurídico, es decir, que es constitucional, el reconocimiento a la libre autodeterminación de los pueblos desde el momento en que firmó los pactos internacionales: Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas.
Al tratarse de tratados internacionales, éstos pactos adquieren rango Constitucional, e incluso se sitúan por encima mismo de la Constitución en su cumplimiento de acuerdo con la norma general del derecho internacional y el mismo ordenamiento Constitucional español recogido en el Capítulo III.
Éstos establecen que:
Considerando que la Carta de las Naciones Unidas impone a los Estados la obligación de promover el respeto universal y efectivo de los derechos y libertades humanos
Al igual que la Constitución en su preámbulo. Y además empieza:
Parte I
Artículo 1
  1. 2.      Todos los PUEBLOS tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.
[…]
Artículo 5
1. Ninguna disposición del presente Pacto podrá ser interpretada en el sentido de reconocer derecho alguno a un Estado, grupo o individuo para emprender actividades o realizar actos encaminados a la destrucción de cualquiera de los derechos o libertades reconocidos en el Pacto, o a su limitación en medida mayor que la prevista en él.
2. No podrá admitirse restricción o menoscabo de ninguno de los derechos humanos fundamentales reconocidos o vigentes en un país en virtud de leyes, convenciones, reglamentos o costumbres, a pretexto de que el presente Pacto no los reconoce o los reconoce en menor grado. 
Es decir, que en primer lugar reconoce el derecho a la libre determinación de los pueblos (España reconoce que dentro de sí misma existe más de uno) y prohíbe a cualquier Estado a violar tal derecho democrático, incluso bajo pretextos legales, convencionales, reglamentarios o de costumbres. Lo que aquí nos está diciendo, tal y como declaró el Tribunal de la Haya sobre el caso de la independencia del Kosovo: “Cuando exista una contradicción entre la legalidad constitucional de un Estado y la voluntad democrática, prevalece ésta última.”

Además la Declaración universal de los derechos de los pueblos, Argel, 4 de julio de 1976, establece:
Conscientes de interpretar las aspiraciones de nuestra época, nos hemos reunido en Argel para proclamar que todos los pueblos del mundo tienen el mismo derecho a la libertad, el derecho de liberarse de toda traba extranjera, y de darse el gobierno que elijan; el derecho, si están sojuzgados, de luchar por su liberación, y el derecho de contar en su lucha con el apoyo de otros pueblos.
Es decir, no hace falta que sean colonias oprimidas, las condiciones es que sean pueblos y que tengan la voluntad de autogobernarse, el hecho que sea un pueblo reprimido es expresado en condicional, puede que sí o puede que no, pero en cualquier caso ese derecho existe.
Sección I. Derecho a la existencia.
Artículo 1.
Todo pueblo tiene derecho a existir.
[…]
Sección II. Derecho a la autodeterminación política.
Artículo 5.
Todo pueblo tiene el derecho imprescriptible e inalienable a la autodeterminación. Él determina su status político con toda libertad y sin ninguna injerencia exterior.
[…]
Sección VII. Garantías y sanciones.
Artículo 27.
Los atentados más graves a los derechos fundamentales de los pueblos, sobre todo a su derecho a la existencia, constituyen crímenes internacionales que entrañan la responsabilidad penal individual de sus autores.
Artículo 28.
Todo pueblo cuyos derechos fundamentales sean gravemente ignorados tiene el derecho de hacerlos valer especialmente por la lucha política o sindical, e incluso, como última instancia, por el recurso a la fuerza.
Artículo 30.
El restablecimiento de los derechos fundamentales de un pueblo, cuando son gravemente ignorados, es un deber que se impone a todos los miembros de la comunidad internacional.

Es decir que España por haber firmado y ratificado tal derecho a la autodeterminación de los pueblos queda exhortada a su cumplimiento y garantía democrática. ¿A qué hace referencia entonces el artículo 8.1 de la Constitución Española?
Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Respecto al exterior, un ataque exterior y antidemocrático que ponga en peligro la integridad de España, no a un acto democrático como la libre determinación de los pueblos. Ya que como podrían entrar en contradicción, el hecho que el derecho a la autodeterminación está reconocido a través de un Tratado internacional, éste prevalece por encima de la interpretación del artículo 8.1 que incluye el impedimento a la determinación de cualquier pueblo de España.
Deberíamos tener en consideración también, la Sentencia del Tribunal Internacional de Justicia sobre el caso de Kosovo y también el hecho que, por el carácter condicionante del preámbulo de la Constitución, deberíamos considerarla invalida, ya que el pacto constitucional queda roto en el mismo momento que el Parlamento Catalán declara al pueblo de Catalunya como un sujeto político soberano y constata que España ha violado, y por lo tanto roto el pacto constitucional en el momento que dejó de garantizar los derechos democráticos de los pueblos que componen España.
En referencia al artículo 1.2 de la Constitución española que dice:

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
Se refiere a una soberanía formada a raíz del pacto constitucional y por lo tanto no es anterior al pacto. Ha de entenderse como la formación de un único cuerpo a raíz del pacto, pero una vez el pacto lo rompe qualquier otro pueblo que formaba España originariamente y recogido en el Preámbulo de la Constitución, este artículo, como el resto de la Constitución dejan de ser válidos.
Lo que precisamente rompe e invalida esto es una declaración de soberanía, puesto que es anterior a la Constitución, se refiere a un acto preconstitucional que vuelve al orígen para deshacer el pacto que derivó a que la soberania solo corresponde al pueblo español.

http://sergicastanye.com/2013/02/28/el-pacto-constitucional-espanol-y-el-derecho-a-la-autodeterminacion/

dilluns, 8 de juliol del 2013

La diferència entre Ramoncín i Pedro Guerra

Opinió. Víctor Alexandre
09/07/2013

"Arribats aquí, cal preguntar: quina és la lluita del senyor Guerra, si està en contra que un poble organitzi un acte cívic per reivindicar la seva llibertat?"
Em va saber greu la xiulada –petita, per sort– que algunes persones van dedicar al cantant espanyol Ramoncín en el Concert per la Llibertat celebrat al Camp Nou. Em va saber greu i em va provocar vergonya aliena, perquè Ramoncín és un espanyol republicà veritablement demòcrata que ara fa mig any va dir el següent:

• “No es pot emmordassar un poble que vol decidir el seu futur. No hi ha acte més democràtic que escoltar la gent. Deixem que els catalans s’expressin i que diguin el que pensen. Es poden posar cadenes i grillons a la persona, però aquesta s’escaparà perquè ningú no vol estar en un lloc obligat. És un moment històric i teniu la sort d’estar-ho vivint. Us desitjo que arribeu allà on vosaltres vulgueu.”

Doncs bé, després d’aquesta declaració de principis, se li ofereix de participar en el concert esmentat i diu que sí. I en sortir a l’escenari per donar suport a les llibertats del poble català i cridar “Visca Catalunya” i “Visca una Espanya republicana”, resulta que hi ha espectadors que el xiulen. Increïble. Increïble i vergonyós. Per què, en Ramoncín, no hauria de poder desitjar un règim més just i democràtic per al seu país? Que no és espanyol, ell? Quina contradicció hi havia entre fer costat a la independència de Catalunya i voler una Espanya veritablement democràtica, no pas la mascarada actual? A nosaltres ens pot ser indiferent el que Espanya sigui quan Catalunya tingui veu i vot a les Nacions Unides, però a Ramoncín no. Ell és nascut a Madrid i Espanya és el seu país. Per això, con dic, em sembla inadmissible que convidem algú a casa nostra per acabar blasmant-ne la presència. I encara més sabent que aquella persona hi ve desafiant les repercussions negatives que allò tindrà en la seva carrera personal.

L’acció de Ramoncín –quina lliçó de compromís, també, la de Dyango i Peret!– té encara més valor si la comparem amb la del cantant Pedro Guerra, que també és espanyol. I no pas pel fet que Guerra no anés al concert –tothom té dret a anar allà on vulgui–, sinó pels arguments que ha donat per no anar-hi. Afirma, d’una banda, que creia que es tractava d’un homenatge a Lluís Llach i que, en aquest cas sí que hi hagués anat. Talment com si tota la trajectòria de Llach no estigués lligada a l’anhel d’independència de Catalunya. Queda clar, per tant, que pensava homenatjar algú de qui no en sap gairebé res. Però, a més, per reblar-ho, hi ha afegit això: “L’últim que desitjava: protagonisme en una lluita que no és la meva. Avui més que mai la meva pàtria és el món.”

Arribats aquí, cal preguntar: quina és la lluita del senyor Guerra, si està en contra que un poble organitzi un acte cívic per reivindicar la seva llibertat? Un acte cívic que, com es va veure, no va anar contra cap poble ni contra cap persona. Si la seva pàtria és el món, ens està dient que la seva pàtria no és Espanya, oi? Molt bé, és una opció respectable. Però, aleshores, com és que va pel món com a cantant nacional espanyol? Com és que, per coherència, no ha cremat públicament el seu ‘documento nacional de identidad’ a la part superior del qual hi diu ‘España’ en lletres majúscules? I què en fa, del passaport que diu el mateix? Perquè, en què quedem? La seva pàtria és el món o és Espanya? Si creu que no hi ha països, és a dir, que no hi ha catalans, ni espanyols, ni holandesos, ni danesos..., només el món, com és que no treballa perquè Espanya deixi de ser un país? Què ho fa que és tan complaent amb la identitat jurídica d’Espanya i, en canvi, tan al•lèrgic a la de Catalunya? On és la lluita del senyor Guerra perquè Espanya deixi de ser independent i se sumi a una gloriosa independència mundial?

Un dels principis bàsics que ha d’observar tot artista que es pretengui reivindicador és el de la coherència. I la coherència d’algú que es proclama ‘ciutadà del món’ és intentar passar duanes sense documents ‘nacionals’ i dient: “La meva pàtria és el món”. És ben segur que no anirà gaire lluny, però com a mínim mereixerà un respecte.

Sobte, finalment, que un ‘ciutadà del món’, un ‘patriota universal’ com Pedro Guerra, per al qual no hi ha nacions, només un planeta, no rebutgés la nominació amb què va ser honorat el 1998 per l’Acadèmia ‘espanyola’ del cinema en el decurs d’una cerimònia d’exaltació de valors ‘nacionals’ i que el 1999 recollís el Premi de la Música –també ‘nacional’– que li va lliurar la Societat General d’Autors i Editors d’Espanya. Ens deu voler dir que ser espanyol és una manera de ser universal. Ser català, no. Però ser espanyol, sí. Els catalans només som universals si som espanyols. Renoi, quines coses, oi? En parlar d’això, em ve al cap una frase que vaig escriure fa una colla d’anys en un llibre i que Pedro Guerra i altres ‘universalistes’ s’entesten a mantenir vigent: l’universalisme espanyol és molt provincià: mentre per als universalistes espanyols Catalunya forma part d’Espanya, per als universalistes catalans Catalunya forma part del món.

http://www.elsingulardigital.cat/cat/notices/2013/07/la_diferencia_entre_ramoncin_i_pedro_guerra_95064.php

dissabte, 8 de juny del 2013

Fi de cicle (polític)

El president del govern espanyol ha defensat la necessitat d'un sistema educatiu que "assenti una biografia comuna i que expliqui lleialment els reptes del present i es projecti cap a un futur integrador". I ha considerat que és una obligació inexcusable dels governs articular polítiques "que ajudin a conscienciar el ciutadà sobre la pertinença a un determinat col·lectiu que comparteix vivències i valors democràtics".

Els elements que Rajoy defensa per a Espanya -una biografia comuna, un relat lleial explicador del nostre temps, el sentiment de pertinença col·lectiva, una cultura compartida basada en valors democràtics- són els que qualsevol Estat de manera habitual reforça i promou entre la seva ciutadania. En qüestions d'identitat nacional els estats no són neutrals sinó que han de mantenir viva la consciència d'un nosaltres, condició indispensable per a qualsevol projecte de vida en comú.

El problema rau en el fet que l'estat espanyol no és un estat unitari, sinó que en el seu interior habiten ciutadans amb identitats i pertinences nacionals diferents, la biografia, llengua i cultura dels quals sovint han estat perseguides, silenciades, menystingudes o minoritzades pel mateix estat que ha actuat en nom o a favor d'una única llengua, cultura i biografia, la de la nació castellana. Molts dels enfrontaments i desacords educatius que hem tingut i seguim tenint (respecte de la llengua o de la visió de la història) o dels enfrontaments mediàtics (la manera d'interpretar els esdeveniments), o dels enfrontaments simbòlics (les banderes, els himnes, les seleccions esportives) o dels enfrontaments axiològics (les curses de toros, el paper de la religió, els nivells de tolerància) són bons indicadors d'aquesta diferència nacional.

Una biografia en comú, hem estat dient des de la Transició, només és possible des del coneixement i el reconeixement del fet plurinacional. I això no només no s'ha produït sinó que des d'Espanya s'ha combatut en tots els fronts per intentar imposar un pensament únic. El desig d'espanyolització dels catalans per part del ministre Wert o els repetits atacs a la llengua catalana per part dels governs del PP al País Valencià, a les Illes o a l'Aragó en són una prova ben recent.

La resposta a la resistència catalana ha estat per part del govern espanyol reclamar lleialtat i imposar el corró de la legalitat constitucional. Pel que fa a la legalitat, el malaguanyat Michel Crozier deia en un llibre que " on ne change pas la société par decret" , però Rajoy, registrador de la propietat des dels 24 anys, segur que no ha llegit Crozier. Quant a la lleialtat, sembla que el govern espanyol defensi encara el model medieval-feudal, un model unilateral en què els serfs tenien el deure d'obediència deguda envers el senyor sense cap deure recíproc per part d'ell. Però la concepció moderna i catalana de la lleialtat implica compromisos mutus i equivalents entre les parts, i fa derivar aquests deures de la signatura simbòlica d'un contracte basat en el consentiment voluntari dels ciutadans. Un contracte que, en cas d'incompliment, es pot trencar o canviar.

En contextos plurinacionals tenim identitats complexes i podem exercir lleialtats compartides. Ja ho fem cada dia en el context europeu. Però això requereix el reconeixement de les identitats nacionals i l'acceptació de l'exercici de sobiranies compartides. Aquests dos elements són els que han estat incomplint invariablement els governs espanyols i són, a més, els que facilitarien i reforçarien -en cas de compliment- la coexistència de projectes nacionals compatibles o fins i tot l'existència d'un projecte polític compartit.

Estem vivint el final d'un cicle, assistim al fracàs del vell somni d'un pretès consens constitucional sobre els valors aglutinants que havien de fer atractiva l'existència d'una vida i una cultura política comunes. Els mecanismes d'acomodació, encaix o integració que havia d'oferir l'Estat a Catalunya s'han demostrat insuficients. Les institucions espanyoles no tan sols ignoren la nacionalitat catalana sinó que majoritàriament la neguen o la rebutgen; propugnen una visió unívoca de la història i fa temps que van enterrar l'esperit i la lletra de l'Estat de les Autonomies. Durant la vigència del cicle, molts catalans havien cercat els mecanismes polítics, jurídics i administratius de la seva existència nacional dins l'estat espanyol. Ara ja no. Els requisits del contracte no han estat acomplerts. S'ha trencat la lleialtat. El Parlament els ha donat una nova legitimitat. I treballen per una nova legalitat.

Font: ara.cat

dimecres, 7 de novembre del 2012

Ampliació interna de la UE: Escòcia no és Turquia

  
Ramon Tremosa
Article / 07 de novembre de 2012
Una notícia molt poc comentada a casa nostra fa referència a l’informe del Parlament britànic, publicat el passat mes d’octubre, sobre com quedaria Escòcia a la UE en cas que el «sí» guanyés el referèndum del 2014. L’informe ha estat escrit pel prestigiós professor d'Oxford Graham Avery, director general honorari de la Comissió Europea.


En relació amb la manera d'integrar un estat escocès a la UE, Avery diu que si els escocesos han estat ciutadans de la UE durant quaranta anys, i ho volent continuar essent, difícilment se'ls hauria de fer sortir i tornar a entrar. «Escòcia no és Turquia» i no es pot tractar els escocesos com si fossin ciutadans d'un país que mai no ha format part de la UE, com ara és el cas dels turcs.
Aquesta opinió ha estat defensada fins fa poc pel mateix comissari Joaquín Almunia, que va dir fa unes setmanes a Barcelona que «no era clar que ciutadans europeus amb drets adquirits (i moneda en el cas català) poguessin ser-ne desposseïts d'un dia a l’altre, en cas de secessió d'un territori d'un estat ja membre de la UE, com si res». Almunia ha perdut prestigi rectificant les seves declaracions a Madrid, perquè els polítics amb prestigi són els que diuen el mateix a Berlín i a Atenes (com el president del Parlament europeu, Martin Schulz) i són els que no van canviant de parer per quedar bé en un lloc o un altre en funció del públic que tenen al davant.
Enmig de la campanya de la por i de les amenaces que PP i PSOE llancen contra els catalans en cas d'una hipotètica independència, incapaços com són d'oferir res de positiu als catalans perquè continuïn dòcilment acceptant el centralisme madrileny, de la Gran Bretanya ens arriba un article publicat al The Economist, el passat 3 de novembre, molt interessant. En el setmanari econòmic més influent del món es diu que «una Espanya ultra-dependent de la UE pel que fa a rescats i a intervencions no podrà vetar una Escòcia independent dins de la UE». Aquesta opinió desmenteix rotundament el ministre espanyol d'Afers Exteriors García-Margallo, que repeteix una vegada i una altra que tot nou país «s’haurà de posar a la cua» dels països candidats a l'adhesió.
És curiós que qui amenaça més amb vetos i expulsions de la UE sigui Espanya, un país que amb la seva ruïna econòmica, i la seva incapacitat per reformar-se tot imitant bones pràctiques d'altres països, està posant en risc no només la moneda única sinó fins i tot el projecte d'unió europea. Cal recordar que, molt més important que la UE (embrió d'unió política que encara no té poders fiscals, ni unió bancària, ni prou legitimitat democràtica), és l'espai econòmic europeu de lliure circulació de persones, mercaderies i capitals. Noruega i Suïssa no formen part de la UE però tenen accés a aquesta lliure circulació que és el gran èxit europeu dels darrers seixanta anys. I són dos dels països més pròspers del món en molts indicadors econòmics i socials.
Així, que els britànics vulguin marxar de la UE (però no pas d'aquest espai econòmic europeu que ells anomenen internal market) pot voler dir que anticipen el fracàs del procés de cruïlla històrica en què es troba la Unió Europea: o més unió (fiscal, bancària, política...) o renacionalització. I és que mentre alguns països continuïn fent trampes al solitari com Espanya (quan Rajoy diu unió bancària només li interessa diner europeu per tapar el forat de Bankia sense cedir competències de supervisió financera), els alemanys no voldran avançar cap a una més gran integració de la Unió Europea. El que segur que no té futur és una unió on convisqui el mercat laboral més eficient del món (Dinamarca) amb el mercat laboral més ineficient del món (Espanya): la divergència econòmica és segura.
The Wall Street Journal acaba de fer un duríssim article contra el sistema bipartidista espanyol, tot dient que a Espanya les reformes són ineficients i que el president espanyol, Mariano Rajoy, té unes maneres excessivament diletants de fer política, tot ajornant al màxim la presa de decisions urgents, fins al punt de comparar-lo amb un líder del partit comunista xinès. L'article «Espanya rescatada però no salvada» dóna fins i tot noms i cognoms de polítics espanyols del PP i el PSOE que són presentats com a exemples de mediocritat i amiguisme.
El món és infinitament més gran que la bombolla mediàtica madrilenya. Els catalans ens hauríem d'independitzar mentalment dels mitjans de comunicació de Madrid, que ningú no llegeix ni té en compte fora de les fronteres espanyoles, i hauríem d’estar molt més atents al que diu la premsa internacional.
http://www.jordipujol.cat/ca/butllet/articles/13042